El agua de un pozo puede ser transparente, no tener olor ni sabor y, aun así, llevar arsénico o flúor por encima de lo recomendable. No se ven, no se huelen y no los elimina un filtro convencional. Lo más llamativo es que casi nunca se deben a contaminación humana: son sustancias que el agua disuelve de forma natural de las rocas y los sedimentos por los que circula.
En esta guía te explicamos de dónde vienen el arsénico y el flúor, qué riesgos tienen a largo plazo, cómo detectarlos y qué tecnologías se utilizan para eliminarlos.
De dónde vienen
Ambos son contaminantes geogénicos, es decir, de origen natural. La composición del agua subterránea depende de las rocas del acuífero, de las condiciones químicas del agua y del tiempo que ha estado en contacto con ellas.
- Arsénico. Se libera de minerales y de óxidos de hierro cuando cambian las condiciones químicas del agua, como el pH o el oxígeno disuelto. Se ha detectado por encima de 10 µg/L en acuíferos de cuencas terciarias españolas, en concreto en las del Duero y del Tajo. También influye la explotación del pozo, porque bombear cambia el flujo del agua subterránea.
- Flúor (fluoruro). Procede de minerales ricos en flúor presentes en ciertas rocas. La OMS señala que, en aguas subterráneas, la concentración depende de la roca por la que fluye el agua.
Una consecuencia práctica es que dos pozos cercanos pueden tener aguas muy distintas, y que la calidad de un mismo pozo puede variar con el tiempo. Por eso hay que analizar, no suponer.
Qué riesgos tienen
Arsénico
El arsénico en el agua de bebida es un riesgo de exposición prolongada. Según la OMS, el consumo continuado se relaciona con lesiones en la piel y con distintos tipos de cáncer, como piel, pulmón, vejiga y riñón. La OMS mantiene como valor de referencia 10 µg/L y lo considera provisional, porque en muchos casos es difícil eliminar el arsénico por debajo de esa cifra y la incertidumbre sobre el riesgo a concentraciones bajas es grande. Aconseja mantener su concentración tan baja como sea razonablemente posible.
Flúor
El flúor, en cambio, tiene un margen estrecho entre lo beneficioso y lo perjudicial. La OMS fija una guía de 1,5 mg/L. Por encima, con consumo continuado:
- Pueden aparecer manchas en el esmalte de los dientes (fluorosis dental), con cifras de entre 0,9 y 1,2 mg/L en casos leves.
- Con concentraciones más altas, del orden de 3 a 6 mg/L, puede aparecer fluorosis esquelética, que afecta a los huesos y las articulaciones, sobre todo si el consumo de agua es alto.
En niños, la fluorosis dental es el efecto más frecuente. Por eso conviene tener en cuenta quién bebe el agua y cuánta.
Cómo detectarlos
La única forma de saberlo es analizar el agua. No hay síntomas inmediatos que avisen, y el aspecto del agua no dice nada. Conviene pedir un análisis completo que incluya arsénico y fluoruro, junto con otros parámetros que afectan al tratamiento, como hierro, manganeso, sulfatos, fosfatos, sílice, pH y nitratos. Lo vemos en qué análisis necesita una planta de tratamiento de agua.
También ayuda saber en qué forma está el arsénico. El arsénico aparece como As(III) o como As(V), y el primero es más móvil y más tóxico. Esto condiciona la tecnología: algunas funcionan mucho mejor con una forma que con otra.
Y conviene repetir el análisis con cierta frecuencia, sobre todo si el pozo se bombea mucho, si hay sequía o si cambian las condiciones del entorno.
Cómo se eliminan
No hay una solución única. La elección depende de la concentración, del caudal, de la composición del resto del agua y del uso.
Para el arsénico
- Oxidación previa. Si hay As(III), suele convenir oxidarlo a As(V) antes de tratarlo, porque es más fácil de retirar. El oxígeno del aire lo hace de forma muy lenta, así que no basta con airear.
- Coagulación con sales de hierro y filtración. Muy eficaz, pero exige dosificar productos, mantener los equipos y gestionar lodos.
- Adsorción en medios a base de hierro. Es una de las opciones más empleadas en instalaciones pequeñas y medianas. El agua atraviesa un lecho que retiene el arsénico, sin dosificar químicos y con un mantenimiento sencillo. Algunos medios tratan As(III) y As(V).
- Alúmina activada. Funciona mejor con As(V) y con un pH cercano a 6, lo que a menudo obliga a ajustar el pH y a regenerar el medio con efluentes cargados de arsénico.
- Ósmosis inversa. Reduce el arsénico y muchas otras sales a la vez, y tiene sentido sobre todo en caudales pequeños o cuando también hay que tratar salinidad. Más en ósmosis inversa.
- Intercambio iónico. Puede servir para As(V), pero no retira bien el As(III) y compite con otros aniones como los sulfatos. Detalles en tipos de intercambio iónico en el tratamiento de agua.
Para el flúor
- Alúmina activada. Permite bajar el flúor a valores en torno a 1 mg/L y es una de las opciones clásicas.
- Ósmosis inversa. Es habitual en suministros mayores y también reduce el resto de sales.
- Otros medios como el carbón de hueso o ciertas arcillas, más propios de instalaciones pequeñas.
En ambos casos, la OMS avisa de que, donde las concentraciones naturales son muy altas, cumplir el valor guía puede ser difícil con las tecnologías disponibles. En esos casos hay que valorar también una fuente alternativa o mezclar con otra agua de mejor calidad.
Qué puede complicar el tratamiento
- Fosfatos, sulfatos y sílice. Compiten con el arsénico en los medios de adsorción y acortan su vida útil.
- Materia orgánica. Reduce la adsorción.
- pH. Cambia el rendimiento de muchas tecnologías.
- Hierro y manganeso. A veces ayudan (el hierro puede arrastrar arsénico al precipitar), pero ensucian los lechos si no se controlan. Lo explicamos en hierro en el agua.
- Varios contaminantes a la vez. Es común encontrar arsénico junto con nitratos, flúor, hierro o salinidad. La solución debe contemplar el conjunto, no un solo parámetro. Para los nitratos, ver nitratos en el agua.
- El residuo. Los medios agotados, los lodos y los efluentes de regeneración contienen el contaminante retirado, y hay que gestionarlos de forma adecuada.
Cuándo analizar tu pozo
- Antes de usarlo para consumo humano o para una actividad.
- Si tu zona tiene antecedentes de arsénico o flúor en acuíferos.
- Tras cambios en el bombeo, sequías prolongadas u obras en la captación.
- De forma periódica, para ver si la calidad cambia.
Y si ya tienes agua con valores altos, no bebas ni cocines con ella hasta que un técnico te indique cómo resolverlo.
Errores frecuentes
- Fiarse del aspecto, del olor o del sabor.
- Pensar que un filtro doméstico cualquiera lo elimina. Los de sedimentos o los de carbón no están hechos para esto.
- Tratar solo uno de los contaminantes y olvidar el resto.
- No analizar nunca más después de la primera vez.
- Elegir la tecnología sin conocer la forma del arsénico ni la composición completa del agua.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si mi pozo tiene arsénico o flúor? Solo con un análisis de laboratorio. No hay señales visibles ni sabor que lo indiquen.
¿Se puede hervir el agua para quitar el arsénico? No. Hervir no elimina el arsénico ni el flúor; al evaporarse parte del agua, la concentración incluso puede subir.
¿Qué tecnología es mejor para eliminar el arsénico? Depende del agua. Para caudales medianos se utilizan mucho los medios de adsorción con hierro; para caudales pequeños o aguas con más contaminantes, la ósmosis inversa. Hay que hacer un diagnóstico previo.
¿Es peligrosa el agua con flúor alto? Con consumo continuado, puede causar fluorosis dental y, con valores más altos, afectar al esqueleto. El riesgo depende de la concentración y de cuánta agua se bebe.
¿Puedo mezclar el agua del pozo con otra para bajar la concentración? Es una opción reconocida por la OMS cuando se dispone de una fuente de mejor calidad, pero hay que comprobarlo con análisis.
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