Tratamiento del agua de riego

Tratamiento del agua de riego: qué analizar y cómo mejorarla en agricultura e invernaderos

Un cultivo no se riega solo con agua: se riega con todo lo que lleva disuelto. Si el agua viene cargada de sales, bicarbonatos, hierro o nitratos, el problema aparece de dos formas. Por un lado, en el cultivo, con plantas que crecen menos, hojas quemadas o raíces que no absorben bien. Por otro, en la instalación, con goteros obstruidos, filtros colmatados y equipos que se incrustan.

Por eso, en agricultura intensiva y en invernaderos, el tratamiento del agua de riego es cada vez más una decisión de ingeniería y no solo de agronomía. En esta guía te explicamos qué parámetros hay que analizar, qué problemas causa cada uno y qué tecnologías ayudan a corregirlos.

De dónde viene el agua de riego

La calidad cambia mucho según la fuente:

  • Pozos y sondeos. Son muy habituales y su calidad depende del acuífero. Pueden traer sales, dureza, hierro, manganeso o nitratos. Te explicamos cómo se trata este tipo de agua en sistemas de tratamiento de agua de pozo.
  • Aguas superficiales (ríos, canales, balsas). Pueden llevar sólidos, materia orgánica y algas.
  • Aguas regeneradas. Aguas residuales depuradas para su reutilización, con su propia regulación. Lo vemos en el Real Decreto 1085/2024.
  • Agua de red. Menos habitual para riego a gran escala, pero común en pequeñas instalaciones.

Como la calidad cambia incluso a lo largo del año, conviene analizar más de una vez. Lo comentamos en cómo cambia la calidad del agua según la época del año.

Qué parámetros hay que analizar

No hace falta pedir el análisis más largo, pero sí los parámetros que condicionan el riego:

Salinidad (conductividad eléctrica)

Es el parámetro más importante. Cuanta más sal tiene el agua, más cuesta a la planta absorberla. Las directrices de la FAO clasifican el riesgo en función de la conductividad del agua (ECw):

Conductividad (dS/m)Restricción de uso
Menos de 0,7Ninguna
De 0,7 a 3,0De ligera a moderada
Más de 3,0Severa

Son valores de referencia generales. La tolerancia depende de cada cultivo, del suelo y del manejo, así que conviene consultar con un técnico agrícola.

Sodio, cloruros y boro

Algunas sales son tóxicas para la planta aunque la salinidad total sea moderada. Las directrices de la FAO fijan referencias para el sodio, los cloruros y el boro, que son especialmente problemáticos en cultivos sensibles. En el caso del boro, por ejemplo, el umbral de problemas empieza en torno a 0,7 mg/L. El sodio, además, afecta a la estructura del suelo y reduce su capacidad de infiltración.

Bicarbonatos y pH

Los bicarbonatos suben el pH del agua y, al evaporarse el agua entre riegos, precipitan como carbonato cálcico. Es una de las causas principales de goteros obstruidos. El pH normal del agua de riego se sitúa entre 6,5 y 8,4 según la FAO, y los cultivos sin suelo trabajan con valores de solución más bajos.

Dureza, hierro y manganeso

La dureza y los metales forman depósitos en filtros, tuberías y emisores. El hierro y el manganeso, además, favorecen el crecimiento de bacterias que forman mucílago y obturan los goteros. Para este problema tienes cómo quitar el hierro del agua en pozos e instalaciones industriales y eliminar hierro y manganeso en agua industrial.

Nitratos

El nitrato del agua es un aporte de nitrógeno que cuenta en el abonado. Un agua con mucho nitrato obliga a ajustar la fertilización, y si el agua también se destina a consumo humano o animal, es un problema. Más información en nitratos en el agua.

Sólidos en suspensión y materia orgánica

Importan sobre todo en aguas superficiales y balsas, porque colmatan filtros y emisores.

Para saber qué pedir al laboratorio, mira qué análisis necesita una planta de tratamiento de agua.

Qué problemas causa un agua de riego deficiente

  • En el cultivo: menor crecimiento y rendimiento por exceso de sales, toxicidad por sodio, cloruros o boro, y carencias nutricionales por pH inadecuado.
  • En el suelo: acumulación de sales y pérdida de estructura por exceso de sodio.
  • En la instalación: obstrucción de goteros y filtros por cal, hierro, algas o bacterias.
  • En el abonado: el agua aporta nutrientes (nitratos, calcio, magnesio, sulfatos) que hay que descontar al preparar la solución.

Cómo se corrige

La solución depende del problema. Estas son las tecnologías más habituales:

  1. Filtración. Filtros de arena, de anillas, de malla o de cartucho eliminan los sólidos. Son la base de cualquier instalación de riego localizado. Los criterios de elección están en tipos de filtración industrial.
  2. Eliminación de hierro y manganeso. Con oxidación y filtración, evita las obstrucciones por depósitos y bacterias.
  3. Descalcificación. Reduce la dureza cuando el problema son las incrustaciones. En riego se usa menos, porque el calcio y el magnesio son nutrientes y el sodio de los ablandadores de resinas puede ser perjudicial. Hay que evaluar cada caso.
  4. Ósmosis inversa. Es la solución cuando el agua tiene demasiada sal o demasiados elementos no deseados. Se usa mucho en invernaderos y cultivos sin suelo, a menudo mezclando agua osmotizada con agua bruta hasta lograr la conductividad y la composición que necesita el cultivo. Así se trata solo la parte necesaria del caudal. Puedes ver más en ósmosis inversa.
  5. Eliminación de nitratos, si el agua de partida los contiene en exceso: ver guía técnica para desnitrificar agua.
  6. Acidificación. Es una práctica agronómica habitual: se dosifica ácido para neutralizar parte de los bicarbonatos y evitar que precipiten en los goteros. La pauta debe definirla el técnico agrícola según el agua y el cultivo.

Lo que hay que tener en cuenta antes de instalar una ósmosis para riego

  • El rechazo. Parte del agua sale como concentrado salino. Hay que saber cuánto se genera y qué se hace con él, y depende de la normativa y de las autorizaciones de cada zona. Tienes consejos para minimizarlo en cómo reducir el rechazo en ósmosis inversa industrial, y si el volumen es relevante, existen soluciones de evaporación al vacío.
  • El caudal y el pico de demanda. El riego consume mucha agua en periodos concretos, así que hay que dimensionar con depósitos de regulación.
  • El pretratamiento. Una ósmosis necesita agua previamente filtrada; si no, las membranas se ensucian.
  • La mezcla. Se calcula a partir de los análisis del agua bruta y del agua osmotizada, y de lo que pida el cultivo.
  • El coste. Depende del volumen y de la calidad de partida. Solo puede estimarse con datos reales.

Errores frecuentes

  • Regar sin analizar el agua, o hacerlo una sola vez y no volver a controlarla.
  • Fiarse de que el agua «es de pozo y es buena». El pozo puede cambiar con la sobreexplotación, la sequía o los abonados cercanos.
  • Instalar una ósmosis sobredimensionada cuando bastaba tratar solo una parte del caudal.
  • Ignorar el hierro hasta que los goteros se atascan.
  • No contar con el concentrado.
  • Aplicar valores de referencia sin tener en cuenta el cultivo, el suelo y el clima.

Preguntas frecuentes

¿Qué análisis necesito para saber si mi agua de riego es buena? Como mínimo, conductividad, pH, bicarbonatos, sodio, cloruros, boro, dureza, hierro, manganeso y nitratos. Tu técnico agrícola puede indicarte qué añadir según el cultivo.

¿Para qué sirve la ósmosis inversa en un invernadero? Para reducir la sal y otros elementos no deseados del agua de partida, y para preparar soluciones nutritivas con más precisión, sobre todo en cultivo sin suelo.

¿Es necesario tratar toda el agua de riego con ósmosis? No siempre. Muchas instalaciones tratan solo una parte y la mezclan con agua bruta.

¿Qué hago si los goteros se obturan? Hay que averiguar la causa: cal, hierro, algas o bacterias. Con un análisis del agua y de los depósitos se decide si basta con filtración, con tratamiento del hierro o con acidificación.

¿Se puede regar con agua regenerada? Sí, con la normativa de reutilización aplicable. Es un tema aparte, que tratamos en nuestro artículo sobre el RD 1085/2024.

¿Quieres mejorar el agua de tu explotación?

En Ruberte Tratamientos de Agua diseñamos la solución a partir del análisis del agua y de lo que necesita tu cultivo: filtración, tratamiento del hierro, ósmosis y gestión del concentrado. Consulta nuestra ingeniería a medida, nuestros sistemas de ósmosis inversa o contacta con nosotros.

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